Revista Adolescência e Saúde

Revista Oficial do Núcleo de Estudos da Saúde do Adolescente / UERJ

NESA Publicação oficial
ISSN: 2177-5281 (Online)

Vol. 14 nº 1 - Ene/Mar - 2017

Relato de Caso Imprimir 

Páginas 97 a 101


Vigorexia - un caso de autodiagnóstico

Bigorexia - a self-diagnose case

Vigorexia - um caso de autodiagnóstico

Autores: Cláudia Patrícia Simões Mendes Arriaga1; Sílvia Neto2; Rita Moinho3; Graça Milheiro4; Alexandra Luz5; Pascoal Moleiro6

1. Médico Interno de Pediatría - Servicio de Pediatría - del Centro Hospitalario de Leiria. Leiria, AC, Portugal
2. Médico Interno de Pediatría - Servicio de Pediatría - del Centro Hospitalario de Leiria - Leiria, AC, Portugal
3. Asistente de Pediatría - Servicio de Pediatría - del Hospital Pediátrico de Coimbra - Centro Hospitalario y Universitario de Coimbra. Coimbra, AC, Portugal
4. Asistente de Pedopsiquiatría - Servicio de Pediatría - Centro Hospitalario de Leiria. Leiria, AC, Portugal
5. Asistente de Pediatría - Servicio de Pediatría - del Centro Hospitalario de Leiria. Leiria, AC, Portugal
6. Asistente de Pediatría - Servicio de Pediatría - del Centro Hospitalario de Leiria. Leiria, AC, Portugal

Cláudia Patrícia Simões Mendes Arriaga
Largo do Pinheiro Manso Nº1
Carapinheira, Portugal. CEP: 3140-073
arriaga_c@hotmail.com

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Como citar este artículo

Palabra Clave: Imagen corporal, masculina, comportamiento del adolescente, desarrollo muscular, medicina del adolescente.
Keywords: Body image, male, adolescent behavior, muscle development, adolescent medicine.
Descritores: Imagem corporal, masculino, comportamento do adolescente, desenvolvimento muscular, medicina do adolescente.

Resumen:
OBJETIVO: Alertar a los profesionales de salud para un trastorno de la conducta poco conocido, la vigorexia, que se caracteriza por una excesiva preocupación con la imagen corporal y con la musculatura.
DESCRIPCIÓN DEL CASO: Adolescente de 17 años del sexo masculino indicando en la consulta de Medicina del Adolescente dolor muscular, predominantemente en los hombros, con un año de evolución. Era practicante habitual de halterofilia, habiendo suspendido lapráctica de esta modalidad dos meses antes sin mejoría. Durante la consulta, reveló gran preocupación con la forma corporal, específicamente brazos finos, pérdida de masa muscular, abdomen flácido y aumento de grasa corporal. Negaba consumo de suplementos dietéticos y productos anabolizantes. Fue realizada averiguación complementaria, analítica y de imagen, con exclusión de patología orgánica. El cuidado posterior con envolvimiento familiar reveló un adolescente con baja autoestima, obsesión por la imagen corporal, inclinación al aislamiento social y largos períodos de tiempo anterior en el gimnasio. El diagnóstico de vigorexia fue revelado por el propio adolescente y confirmado por el pediatra. La recuperación pasó por intervención de un equipo multidisciplinario (pediatra, dietista y pedopsiquiatra), con modulación de las capacidades sociales, promoción de la autoestima y retorno controlado a la actividad física.
COMENTARIOS: El diagnóstico diferencial de vigorexia incluye disturbios de conducta, especialmente los que cursan con alteración de percepción de imagen corporal. Los profesionales de salud deben conocer las señales y síntomas que la caracterizan llevando a una identificación precoz del disturbio, siendo esta fundamental para un óptimo abordaje y prestación de atenciones.

Abstract:
OBJECTIVE: Raise awareness among healthcare professionals to a less common conduct disturbance, the bigorexia, characterized by an excessive concern with muscularity and body image.
CASE DESCRIPTION: A 17 years old adolescent was referred to an Outpatient Adolescent Medicine Clinic due to muscular pain, predominantly at the shoulders, with one year of evolution. He was a weightlifting practitioner and he had stopped this activity two months before with no relief. During the interview, he presented a high concern with his body shape, namely referring thin arms, loss of muscular mass, flaccid abdomen and an increase of body fat. He denied the consumption of dietary supplements and anabolic drugs. Analytical and imaging auxiliary tests were performed which excluded organic disease. Follow-up consultations with family involvement, revealed an adolescent with low self-esteem, an obsession with body shaping, tendency to social isolation and long periods of time spent at the gym. The diagnosis of bigorexia was evoked by the adolescent and confirmed by the pediatrician. Improvement was achieved with intervention of a multidisciplinary team (pediatrician, dietitian and child psychiatrist), modulation of his social skills, promoting self-esteem and supervised return to physical activity.
COMMENTS: Bigorexia differential diagnosis includes other behavioral disorders, namely those that shows changes in body image perception. Healthcare professionals should know its signs and symptoms leading to a timely identification of the disorder, crucial for an adequate approach and treatment.

Resumo:
OBJETIVO: Alertar os profissionais de saúde para um transtorno da conduta pouco conhecido, a vigorexia, que se caracteriza por uma excessiva preocupação com a imagem corporal e com a musculatura.
DESCRIÇÃO DO CASO: Adolescente de 17 anos do sexo masculino referenciado à consulta de Medicina do Adolescente por dor muscular, predominantemente nos ombros, com um ano de evolução. Era praticante habitual de halterofilismo, tendo suspendido a prática desta modalidade dois meses antes sem melhoria. Durante a consulta, revelou grande preocupação com a forma corporal, nomeadamente referindo braços finos, perda de massa muscular, abdómen flácido e aumento de gordura corporal. Negava consumo de suplementos dietéticos e produtos anabolizantes. Foi realizada investigação complementar, analítica e de imagem, com exclusão de patologia orgânica. O seguimento posterior com envolvimento familiar, revelou um adolescente com baixa autoestima, obsessão pela imagem corporal, tendência ao isolamento social e longos períodos de tempo passados no ginásio. O diagnóstico de vigorexia foi evocado pelo próprio adolescente e confirmado pelo pediatra. A recuperação passou pela intervenção de uma equipa multidisciplinar (pediatra, dietista e pedopsiquiatra), com modulação das competências sociais, promoção da auto-estima e retorno controlado à atividade física.
COMENTÁRIOS: O diagnóstico diferencial de vigorexia se faz inclui distúrbios da conduta, nomeadamente os que cursam com alteração da percepção da imagem corporal. Os profissionais de saúde devem conhecer os sinais e sintomas que a caracterizam levando a uma identificação precoce do distúrbio sendo esta fulcral para uma ótima abordagem e prestação de cuidados.

INTRODUCCIÓN

A lo largo de los tiempos la sociedad fue evolucionando basada en modelos, muchos vinculados por los medios1. El cuerpo se tornó el elemento fundamental de la propia identidad, con inclinación a la uniformización de la diversidad humana. Los medios sociales promueven la imagen de perfección centrada en un cuerpo delgado como símbolo de salud y bienestar1. La dieta, las restricciones alimenticias y el ejercicio físico surgen como medios para modificar el cuerpo y, en consecuencia, para alcanzar la perfección2,3. La búsqueda de belleza y el culto a un cuerpo perfecto han promovido el surgimiento de patologías psiquiátricas3.

En los últimos años hemos asistido al surgimiento de nuevas adicciones, "adicciones sin droga"2, actividades aparentemente inocuas que el individuo realiza de manera repetitiva y le producen satisfacción, placer y sensación de control con un objetivo definido2. Estas han surgido en varios dominios, principalmente en la actividad física de la cual a vigorexia es un ejemplo. Este es un síndrome todavía controversial entre los autores3-5 por la dificultad de clasificación. Se caracteriza por la existencia de pensamientos repetidos acerca de la necesidad del ejercicio físico, con el objetivo de aumentar la masa muscular y en que el individuo se ve más delgado de lo que es en la realidad3.

A pesar de referencias previas al ejercicio como una adicción, fue en los años noventa que surgió una entidad en la que el ejercicio se convertía en obsesión6,7. Pope la describió en 19936, definiéndola de anorexia nerviosa inversa por la semejanza con las perturbaciones del comportamiento alimenticio (PCA). Posteriormente, otras definiciones han sido usadas: complejo de Adonis o dismorfia muscular2,5,8.

Actualmente, el diagnóstico diferencial es hecho con las PCA9, principalmente en una fase en la que se destaca la insatisfacción con la imagen y el deseo de alterar recurriendo a la alimentación y a la actividad física, perturbaciones éstas que no deben ser olvidadas en el sexo masculino10. Las diferencias aumentan cuando el peso es relativizado, no existiendo el miedo de "estar gordo", pero la preocupación centrada en las formas corporales3,11. La preocupación y la conducta centradas en un cuerpo percibido como poco musculado, difiere de la insatisfacción con partes específicas como deriva de la perturbación dismórfica corporal. Los criterios diagnósticos basados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V) se encuentran en el cuadro 112.




A pesar de los estudios apuntar prevalencias dispares, se estima que de 6% a 10% de los frecuentadores asiduos de gimnasio sufran de vigorexia2,6. La mayor incidencia es en el sexo masculino, entre los 18 y los 25 años2,6.

Los autores pretenden alertar para una patología que estará subdiagnosticada y que interfiere significativamente con el funcionamiento global del adolescente.


DESCRIPCIÓN DEL CASO

Este estudio se basa en el caso de un adolescente de 17 años, sexo masculino, caucasiano, indicando en la consulta de Medicina del Adolescente un dolor muscular generalizado, más localizado a nivel de los hombros, con un año de evolución e intensidad creciente. El paciente negaba traumatismo u otro evento precipitante, y no presentaba quejas semejantes anteriormente, ni evidente limitación de movilidad, compromiso articular o rigidez. El dolor no tenía hora preferencial, y era aumentado con movimiento y esfuerzo, aliviado en reposo, y no cedía a analgésicos, condicionando las actividades diarias. No había referencia con presencia de señales inflamatorias locales y negaba fiebre. El adolescente se decía cansado, con alteración del estándar de sueño y pérdida de peso (6 kg en un año); había alterado los hábitos alimenticios con selección de alimentos "saludables", restringiendo otros que "lo engordaban". Se describía como un adolescente que siempre se alimentaba bien, sin pensar en nutrientes o calorías, algo que actualmente consideraba fundamental para "un cuerpo saludable". Siempre fue un adolescente físicamente activo, pero hace un año y medio atrás inició el gimnasio, primero de forma esporádica y posteriormente día a día (2-3h), con preferencia por la halterofilia. Incentivado por compañeros, tomó suplementos proteicos durante dos meses, hasta que los padres descubrieron y se lo prohibieron. Negó el consumo de productos anabolizantes, aunque conociera compañeros que lo hacían. Por indicación médica, suspendió la halterofilia hace dos meses, sin embargo sin percepción de alivio de quejas y con sentimiento creciente de insatisfacción personal, tristeza y hasta culpabilidad. No le gustaba cómo si veía, describiéndose como teniendo brazos finos, hombros angostos, muslos delgados, sin músculos, abdomen flácido y acumulación local de grasa.

El adolescente vivía con los padres y una hermana adolescente, saludables, manteniendo una relación conflictiva, sobre todo con los padres. Frecuentaba el 12º año escolar, con buen aprovechamiento hasta hace un año. Negaba consumo de alcohol, tabaco o drogas ilícitas, raramente era invitado por los compañeros para salir. Negó relación amorosa reciente y ganas para tal, así como preferencia de amigos. Según los padres, siempre fue evidente su baja autoestima, anulándose frente a los compañeros y sobresaliendo la insatisfacción personal.

A la observación médica, se destacaba el rostro triste, discurso monocórdico pero colaborativo, presentaba buen estado de nutrición e hidratación, masas musculares adecuadas, con un índice de masa corporal (IMC) de 22,12kg/m2 correspondiente al percentil 50-75 (CDC growthcharts). Indicaba dolor en la movilidad y palpado de los brazos, hombros, muslos y región poplítea, aunque sin clínica articular y sin adenopatías palpables. Auscultación cardiaca y pulmonar y palpado abdominal sin alteraciones, estatus pubertario 5 de Tanner. Al examen mental se destacaba su humor triste y desagrado con la situación, baja autoestima, discurso obsesivo centrado en la imagen corporal.

Realizó radiografía de tórax y hombros, ecografía abdominal y de hombros, sin alteraciones. Evaluación analítica sin evidencia de anemia, sin alteraciones de hemograma, conteo de plaquetas y función hepática y renal; parámetros de inflamación negativos incluyendo velocidad de sedimentación; análisis sumario de orina sin alteraciones y con pesquisa de tóxicos negativa.

Colocada como hipótesis diagnóstica la vigorexia, la observación en consulta fue centrada en el refuerzo de mecanismos de autovaloración, reiterando el autoconcepto, estimulando la identificación de elementos disruptivos de su equilibrio, generadores de ansiedad, desagrado y frustración individual. Posterior a la averiguación complementaria, retomó la actividad física, con mejoría paulatina, verificándose ganancia ponderal asociada a hipertrofia muscular y una alimentación regulada, pobre en grasas y rica en proteínas. Aumentó 12,7kg en un año de cuidados, alcanzando un IMC de 26,25kg/m2, exhibiendo con satisfacción hipertrofia muscular del tronco y miembros, sin quejas. Indicaba, sin embargo, tener la ambición de mejores resultados y que se sentía "viciado" en el gimnasio, con una motivación diaria, casi obsesiva, cuestionándose si podría tratarse de un caso de vigorexia.

Una vez revelado el diagnóstico de vigorexia, el pediatra y el pedopsiquiatra lo confirmaron. Fue realizado el cuidado en el sentido de identificar su malestar, vigilar las quejas y las respetivas limitaciones a fin de retomar las actividades diarias con un creciente nivel de envolvimiento social y de actividad física, sin perjuicio de otras áreas. El cuidado derivó durante catorce meses, en consultas mensuales y, posteriormente, bimensuales, de Medicina del Adolescente y de Pedopsiquiatría. Fue propuesta terapia con ansiolítico, que cumplió (SOS) con mejoría de respuesta a situaciones ansiogénicas. El control analítico e imagen a los seis meses se presentó sobrepuesto.

El acompañamiento regular, la intervención y orientación multidisciplinaria, adaptada a las necesidades del enfermo, constituyeron el plan terapéutico.


COMENTARIOS

Este caso presenta un adolescente con un sentimiento de insatisfacción personal, muy característico de la fase que es la adolescencia. A semejanza de algunos adolescentes, la búsqueda de su identidad y de una imagen que le confiera aceptación y ventaja frente al grupo de pares, y frente a la sociedad en general, acarreando un nivel de disfunción que cumple criterios patológicos. Las presiones sociales llevan a muchos adolescentes a la búsqueda del cambio, lo que asociado a un sentimiento de autoridad frente a su cuerpo y frente a sus actos, les hacen sentir que consiguen todo por sí. Mientras en las adolescentes el estereotipo es la delgadez, y el método más habitual para conseguirlo es el control y manipulación de la alimentación, en el sexo masculino surge el ideal de cuerpos musculados y el ejercicio como forma de alcanzarlo. Así, a semejanza de las PCA en el sexo femenino, en los muchachos emergen también estos disturbios actualmente pertenecientes a las perturbaciones dismórficas12. Su identificación es importante, pues es una entidad que se asocia a una compleja disfunción del adolescente en varias áreas, siendo crucial su reconocimiento para intervención12,13.

La presencia de autocrítica, reconociendo el carácter obsesivo y disfuncional de sus ideas, constituyó el principal factor de buen pronóstico. La autocrítica fue un elemento facilitador de intervención y, en consecuencia, acarreando a una necesidad mínima de terapéutica farmacológica.

En estos adolescentes, a semejanza de lo descrito, inicialmente son percibidos síntomas de la esfera obsesiva y hasta de conductas alimenticias, lo que lleva a evocación de otras patologías, dificultando el diagnóstico y la intervención precoces. Existen señales de alarma para las cuales los clínicos deberán estar atentos: obsesión por el gimnasio y/o ejercicio físico compulsivo; insatisfacción con el cuerpo; PCA; consumo de esteroides y otros anabolizantes3,12.

Posterior a la identificación de esta identidad nosológica, el tratamiento pasa por la intervención conjunta en términos psicoterapéuticos y farmacológicos14. Más allá de la identificación precoz, los clínicos tienen un papel fundamental en la prevención. La intervención de la pedopsiquiatría es fundamental en el complemento del cuidado, aportando a un mejor pronóstico clínico y funcional.

Diagnosticar, orientar y encima de todo, alertar a los riesgos inherentes a esta perturbación, constituyen el objetivo para cualquier profesional de salud que trabaje con adolescentes.


REFERENCIAS

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