Revista Adolescência e Saúde

Revista Oficial do Núcleo de Estudos da Saúde do Adolescente / UERJ

NESA Publicação oficial
ISSN: 2177-5281 (Online)

Vol. 16 nº 2 - Abr/Jun - 2019

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Páginas 64 a 71


Encuesta de comportamiento de riesgo para trastornos alimenticios, estado nutricional y fuentes de información utilizadas por adolescentes

Risk Behavior Survey for Eating Disorder, Nutritional Status and Sources of Information Used by Adolescents

Levantamento do comportamento de risco para transtorno alimentar, estado nutricional e fontes de informaçao utilizadas por adolescentes

Autores: Cinthia Monteiro da Silva1; Ana Manuela Ordoñez2

1. Residente en Salud de la Familia por la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana (UNILA). Graduación en Nutrición por el Centro Universitario Unión de las Américas (UNIAMÉRICA). Nutricionista por la Universidad Federal de la Integración Latinoamericana (UNILA). Foz do Iguaçu, PR, Brasil
2. Maestría en Salud del Niño y del Adolescente por la Universidad Federal de Paraná. Docente del curso de Nutrición por el Centro Universitario Unión de las Américas (UNIAMÉRICA). Foz do Iguaçu, PR, Brasil

Correspondência:
Cinthia Monteiro da Silva
Faculdade Uniao das Américas, Nutriçao
Avenida das Cataratas, nº1118 - Vila Yolanda
Foz do Iguaçu, PR, Brasil. CEP: 85853-000
(cinthiamonteiro19@hotmail.com)

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Palabra Clave: Adolescente; Comportamiento Alimenticio; Trastornos de la Alimentación y de la Ingestión de Alimentos.
Keywords: Adolescent; Feeding Behavior; Feeding and Eating Disorders.
Descritores: Adolescente; Comportamento Alimentar; Transtornos da Alimentaçao e da Ingestao de Alimentos.

Resumen:
INTRODUCCION: La adolescencia es una fase de vulnerabilidad al desarrollo de trastornos alimenticios donde ocurren intensas mudanzas psicológicas, biológicas y adaptaciones sociales.
OBJETIVO: Identificar la prevalencia de comportamiento de riesgo al desarrollo de trastornos alimenticios en adolescentes y su asociación con sexo, estado nutricional y fuentes de información en nutrición.
MÉTODOS: Estudio realizado con 191 adolescentes de ambos sexos, con edad entre 15 y 19 años. Para identificar comportamientos de riesgo para trastorno alimenticio se utilizó el Test de Actitudes Alimenticias (EAT-26). Se evaluó el estado nutricional a través del Indice de Masa Corporal conforme los estándares de la Organización Mundial de Salud. Finalmente, fue aplicado el Cuestionario de Fuentes de Información en Nutrición. Los datos de la pesquisa fueron analizados por medio de estadística descriptiva.
RESULTADOS: Se encontró 28% de riesgo para el desarrollo de trastorno alimenticio en la muestra analizada, con mayor riesgo entre las adolescentes del sexo femenino (37%). En relación al estado nutricional, la mayoría de los adolescentes evaluados presentó eutrofia (75%). La fuente de información más utilizada por los participantes fue internet (87%) seguido de televisión (57%).
CONCLUSION: El estudio mostró un porcentaje relevante de riesgo para trastorno alimenticio. Así, en consecuencia de los impactos generados por la patología, se realizan importantes acciones vueltas a ese público para la prevención.

Abstract:
INTRODUCTION: Adolescence is a phase of vulnerability to the development of eating disorders where intense psychological, biological changes and social adaptations occur.
OBJECTIVE: Identify the prevalence of risk behavior for the development of eating disorders in adolescents and its association with sex, nutritional status and sources of nutrition information. Methods: A study was conducted with 191 adolescents of both sexes, ages between 15 and 19 years. Eating Attitudes Test (EAT-26) was used to identify risk behaviors for eating disorders. The nutritional status was evaluated through the Body Mass Index according to World Health Organization standards. Finally, the Questionnaire on Nutrition Information Sources was applied. The research data were analyzed through descriptive statistics.
RESULTS: We found 28% risk of developing an eating disorder in the analyzed sample, with higher risks among female adolescents (37%). Regarding nutritional status, the majority of adolescents evaluated presented eutrophy (75%). The most used information source was internet (87%) followed by television (57%).
CONCLUSION: The study showed a relevant percentage of risk for eating disorder. Thus, due to the impacts generated by the pathology, it is important to take actions aimed at this public for prevention.

Resumo:
INTRODUÇAO: A adolescência é uma fase de vulnerabilidade ao desenvolvimento de transtornos alimentares onde ocorrem intensas mudanças psicológicas, biológicas e adaptaçoes sociais.
OBJETIVO: Identificar a prevalência de comportamento de risco ao desenvolvimento de transtornos alimentares em adolescentes e a sua associaçao com sexo, estado nutricional e fontes de informaçao em nutriçao.
MÉTODOS: Estudo realizado com 191 adolescentes de ambos os sexos, com idade entre 15 e 19 anos. Para identificar comportamentos de risco para transtorno alimentar utilizou-se o Teste de Atitudes Alimentares (EAT-26). Avaliou-se o estado nutricional através do Indice de Massa Corporal conforme os padroes da Organizaçao Mundial da Saúde. Por fim, foi aplicado o Questionário de Fontes de Informaçao em Nutriçao. Os dados da pesquisa foram analisados por meio de estatística descritiva.
RESULTADOS: Encontrou-se 28% de risco para o desenvolvimento de transtorno alimentar na amostra analisada, com maior risco entre as adolescentes do sexo feminino (37%). Em relaçao ao estado nutricional, a maioria dos adolescentes avaliados apresentou eutrofia (75%). A fonte de informaçao mais utilizada pelos participantes foi a internet (87%) seguido da televisao (57%).
CONCLUSAO: O estudo mostrou um percentual relevante de risco para transtorno alimentar. Assim, em decorrência dos impactos gerados pela patologia, se faz importantes açoes voltadas a esse público para a prevençao.

INTRODUCCION

Según la Organización Mundial de Salud, la adolescencia es el período entre el grupo de edad de 10 a 19 años1, donde los individuos abandonan los comportamientos infantiles y adquieren características de la edad adulta. En esta fase, ocurren cambios biológicos y de comportamiento, marcados por un intenso crecimiento y desarrollo físico, maduración cognitiva y la búsqueda de la adecuación social. Estas condiciones pueden favorecer los conflictos relacionados con la apariencia física que pueden afectar la alimentación, con un mayor riesgo de desarrollar trastornos alimenticios2.

Los comportamientos de riesgo para el desarrollo de trastornos de la alimentación se expresan por una preocupación excesiva por los alimentos, lo que puede resultar en una restricción de los alimentos y episodios de atracones, caracterizados principalmente por la ingestión de grandes cantidades de alimentos en un corto período de tiempo, que ocurre principalmente Después de un período de severa restricción alimenticia. También pueden estar presentes actitudes purgantes, como el uso de laxantes, diuréticos u otros medicamentos, vómitos auto inducidos y ejercicio físico excesivo, así como insatisfacción corporal y comportamiento rígido relacionado con la alimentación3. Según Fortes et al.4, aproximadamente el 25% de los jóvenes en el mundo exhiben este tipo de comportamiento alimenticio.

Los trastornos alimenticios son trastornos del comportamiento alimenticio de naturaleza psicológica que pueden conducir a deficiencias biopsicosociales asociadas con un aumento de la morbilidad y la mortalidad. La insatisfacción y la distorsión de la imagen corporal y la sobreestimación del peso son precedentes del trastorno alimenticio e interfieren en la interacción del individuo con su peso, cuerpo y salud. Se observa que cuando hay insatisfacción con la imagen corporal, es común adherirse a las actitudes para adaptarse a la apariencia deseada, a cualquier costo. En general, las personas con trastornos de la alimentación, antes de la patología instalada, ya muestran algunas disfunciones en la conducta alimenticia que indican el riesgo de desarrollar trastornos de la alimentación5.

Las principales complicaciones orgánicas de los trastornos alimenticios son los trastornos endocrinos, como la amenorrea, el aumento de los niveles de cortisol, la disminución de la concentración de testosterona; trastornos metabólicos tales como hipercolesterolemia e hipoglucemia; cambios óseos como la osteopenia y la osteoporosis; cambios hidroelectrolíticos, con alteraciones en los niveles séricos de vitaminas y minerales; cambios hematológicos, como la anemia y la hipoplasia de la médula espinal; Cambios físicos, como regresión de las características sexuales secundarias, así como hipotensión, arritmia cardíaca, insuficiencia renal e insuficiencia pulmonar. Esta situación puede comprometer el proceso de maduración y desarrollo, y el impacto orgánico de los trastornos alimenticios en la adolescencia puede tener consecuencias que se perpetúan en la edad adulta. Los adolescentes con trastorno alimenticio son más propensos al suicidio6.

En vista de esto, la adolescencia es la fase más vulnerable al desarrollo de trastornos de la alimentación debido a la excesiva preocupación por el aspecto físico y la susceptibilidad exacerbada a las influencias ambientales y la información sobre el cuerpo, la salud y la dieta a la que están expuestos estos individuos. Este cuadro refuerza la relevancia de los estudios sobre conductas alimenticias en adolescentes4.

La debilidad en el volumen de información disponible demuestra la importancia de la calidad de los alimentos y la nutrición para promover la salud y una alimentación adecuada y saludable. Por lo tanto, el nivel de exposición de la población adolescente a fuentes de información nutricional de dudosa confiabilidad es preocupante. Muchos mensajes de los medios de comunicación son inexactos, inestables y distorsionados, refuerzan los ideales de belleza, propagan dietas de moda y crean inseguridad alimenticia. Por lo tanto, contribuir a la adopción de conductas alimenticias de riesgo que pueden evolucionar hacia un trastorno alimentario7.

Por lo tanto, el objetivo del presente estudio fue identificar la aparición de conductas de riesgo para el desarrollo del trastorno alimenticio y su asociación con el género, el estado nutricional y las fuentes de información sobre alimentación y nutrición en adolescentes.


METODOS

Es una investigación observacional, exploratoria y seccional. El enfoque de los datos fue cuantitativo y descriptivo. La encuesta se realizó con 191 adolescentes de ambos sexos, de 15 a 19 años de edad, inscritos en una escuela secundaria pública durante el mes de agosto de 2017. El muestreo se realizó por conveniencia y no es probabilístico, y se realizó entre los 487 estudiantes de secundaria inscritos en los turnos de mañana y tarde.

Para la recopilación de datos, se invitó a participar en la investigación a todos los estudiantes matriculados en clases de preparatoria presentes en los días destinados a la explicación de la investigación. Solo se incluyeron individuos de entre 15 y 19 años de edad, debidamente inscritos, que presentaron el formulario de consentimiento informado firmado. Para las personas menores de 18 años, el IC fue firmado por el responsable. Todas las personas menores de edad tuvieron que firmar el Formulario de consentimiento informado - TALE, aceptando participar en la investigación. Esta investigación fue aprobada por el Comité de Ética en Investigación de la Universidad Estatal de Western Paraná - UNIOESTE, bajo el número de opinión 2.162.785.

Para evaluar la presencia de conductas de riesgo para el trastorno alimenticio, se usó la prueba de actitud alimenticia (EAT-26). La prueba consta de 26 preguntas de autocompletado y fue desarrollada por Garner y Garfinkel en 1979 y validada para el portugués por Bighetti y Ribeiro8.

Las preguntas se dividen en tres escalas. La primera escala se refiere a la dieta y se refiere a la negación disfuncional de los alimentos y la preocupación exagerada por la forma del cuerpo. La segunda escala está relacionada con la bulimia y la preocupación por los alimentos, y verifica la ocurrencia de episodios de atracones y seguimientos de conductas purgativas para evitar el aumento de peso. La última escala es la escala de control oral, que demuestra el autocontrol de los alimentos e identifica los factores ambientales relacionados con la ingesta de alimentos8.

Las opciones de respuesta son la escala de Likert, con seis alternativas y una puntuación de 0 a 3. Las alternativas nunca son, casi nunca, y rara vez son 0 puntos, a veces 1 punto, a menudo 2 Puntos y siempre a 3 puntos. En la pregunta 25 este orden se invierte. Al final, se agrega la puntuación de cada pregunta y, si es igual o superior a 21 puntos, indica la presencia de conductas de riesgo para el trastorno alimenticio8.

La encuesta de las fuentes de información más utilizadas se realizó a través del Cuestionario de Fuentes de Información Simplificada de Ferraz (2002)9, que consiste en una única pregunta en la que se deben destacar las fuentes utilizadas para obtener información sobre temas relacionados a la alimentación y nutrición. El cuestionario consta de ocho opciones y no hay límite para las alternativas que deben marcarse. Las opciones son: TV, Internet, médico/nutricionista, empaque de alimentos, libros, revistas y periódicos, amigos y familiares u otros, y cuando este último estaba marcado, era necesario especificar la fuente9.

La evaluación antropométrica se realizó midiendo el peso corporal y la altura y el índice de masa corporal. El IMC se obtuvo de acuerdo con la fórmula de Quetelet (IMC = masa corporal (kg)/altura (m2)). La clasificación del estado nutricional se realizó utilizando el software de verificación de percentiles AnthroPlus de la OMS, que más tarde se clasificó de acuerdo con los puntos de corte propuestos por la Organización Mundial de Salud - OMS10. Los resultados de la investigación se expresaron en percentiles y se representaron en tablas y gráficos, donde se utilizó la hoja de cálculo de Microsoft Excel.

El análisis estadístico descriptivo de los datos se realizó a través de la frecuencia, la media, los valores mínimos, los valores máximos y la desviación estándar. Se realizaron pruebas para estadísticas analíticas (correlación y chi-cuadrado), sin asociación entre las variables de estudio.


RESULTADOS

Diecinueve adolescentes participaron en la investigación, de los cuales el 60% (n = 115) eran mujeres y el 40% (n = 76) hombres. La edad promedio fue de 16.71 ± 1.15 años (15 - 19), y la mayoría (31%) se concentró en el rango de 16 a 16.9 años.

Con respecto a la evaluación antropométrica, el IMC medio fue de 22,47 ± 4,02 kg / m2 (15,79 - 40,09). Con respecto a la clasificación del estado nutricional según el IMC, el 75% (n = 143) de los adolescentes evaluados tenían eutrofia. Entre las participantes femeninas, 74% (n = 85) eran eutróficas, 17% (n = 19) sobrepeso, 8% (n = 9) obesidad, 2% (n = 2) delgadez y ninguna tenía obesidad grave. De los participantes masculinos, el 76% (n = 58) era eutrófico, el 13% (n = 10) sobrepeso, el 8% (n = 6) obesidad, el 1% (n = 1) delgadez y la obesidad grave 1 (1%).  La clasificación del estado nutricional de los individuos evaluados se describe en la tabla 1.




La puntuación media de EAT-26 fue de 15.40 ± 9.77 puntos (0-50). Entre los participantes de la investigación, el 28% (n = 53) tuvo un resultado positivo para el comportamiento de riesgo (punto de corte superior a 21 puntos) y el 72% (n = 138) no mostró un resultado superior a 21 puntos.

Entre las participantes femeninas, el 37% (n = 43) se identificó con un comportamiento de riesgo para el trastorno alimenticio. Entre los varones, el 13% (n = 10) expresó este comportamiento. Entre los adolescentes entrevistados con riesgo de trastorno alimenticio, el 16% (n = 30) tenía entre 16 y 17,9 años. La prevalencia de conductas de riesgo según el sexo se muestra en la tabla 2.




Con respecto a las fuentes de información sobre alimentación y nutrición utilizadas por la población estudiada, se observó que el 87% (n = 166) informó que usaba internet como su principal fuente de información, seguido de TV 57% (n = 109), amigos y familiares con 48.5% (n = 93), según tabla 3.




DISCUSION

La evidencia muestra que la adolescencia es un período de vulnerabilidad al desarrollo de conflictos relacionados con los alimentos, ya que en esta etapa las necesidades nutricionales son altas y existe una alta susceptibilidad a la influencia de los factores ambientales. La búsqueda de identidad es también un factor importante característico de este grupo de edad y puede contribuir a la insatisfacción corporal, el principal factor de riesgo para el desarrollo del trastorno alimentario4,6,11.

La prevalencia del estado nutricional normal en adolescentes se puede explicar por la alta demanda nutricional característica de esta fase debido a la complejidad del proceso de desarrollo y maduración. Durante este período, aunque la dieta generalmente presenta un patrón irregular y la presencia de conductas disfuncionales, la normalidad del IMC de estos individuos se mantiene, según Pinho et al.12.

Se observa que las mujeres parecen ser más vulnerables al desarrollo de conductas alimenticias disfuncionales, lo que puede estar justificado por el esfuerzo constante para controlar el peso corporal, especialmente entre adolescentes4,11,13. Esto puede explicar el hecho de que la mayoría de los estudios que investigan las conductas relacionadas con los trastornos alimenticios se centran exclusivamente en el público femenino.

Los datos de la Encuesta nacional de salud escolar realizada en 2015 mostraron que las adolescentes femeninas atribuyen una sobrevaluación a su apariencia física, lo que las lleva a cultivar una insatisfacción corporal intensa y aumenta su propensión a presentar trastornos de la imagen. En los hombres, las preocupaciones sobre la apariencia física impregnan el anhelo de un cuerpo musculoso. Las mayores proporciones de adolescentes que tenían actitudes hacia la pérdida de peso se encontraron en mujeres14.

La aparición de conductas de riesgo para el trastorno alimenticio en este estudio se considera preocupante, como lo señaló Cubrelati et al.13, lo que indica que los porcentajes superiores al 20% merecen atención y reflejan la necesidad de intervención.

Según Fortes et al.15, en los últimos años, la frecuencia de las conductas de riesgo para el trastorno alimenticio en individuos varones ha aumentado, en una proporción de 1 caso por 10 en el público femenino, lo que ha estimulado estudios adicionales sobre Instrumentos de etiología y detección de riesgos para el público masculino. El cuestionario EAT-26 fue validado para su uso en mujeres, sin embargo, con el aumento de casos en hombres, fue necesario estudiar su aplicación para estas personas. Al igual que los estudios de Fortes et al.15, que evaluaron las cualidades psicométricas de EAT-26 para adolescentes varones. Los autores concluyeron que el instrumento tiene una buena aplicabilidad para esta audiencia con consistencia y reproducibilidad interna comprobadas.

Fortes et al.4 construyeron un modelo etiológico de conductas de riesgo para trastornos de la alimentación y sugieren que el contenido de los medios a los que están expuestos los adolescentes tiene una relación directa con estas conductas. Además, la incorporación de los ideales de delgadez y los mensajes dudosos y subliminales en la dieta, la apariencia corporal y los medios dietéticos están asociados con la activación de conductas alimenticias inapropiadas.

Estas notas refuerzan los hallazgos del presente estudio con evidencia preocupante sobre las fuentes de información alimenticia más utilizadas por el público. Cabe destacar que hay pocas investigaciones que investigaron las fuentes de información utilizadas para este fin, que son las pocas investigaciones de población y con un grupo de edad amplio.

En una encuesta realizada en 2010 por FIESP (Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo) e IBOPE (Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadísticas), con individuos de 16 a 60 años de edad de ambos sexos, se evaluaron las fuentes de información sobre alimentos y productos alimenticios. Los hallazgos revelaron que la fuente principal utilizada por el 40% de los individuos era la televisión, seguida por un médico o nutricionista con el 20% e Internet con el 19%. Estos hallazgos están disponibles en un documento titulado BrazilFoodTrends 202016.

La encuesta de población realizada por Pollard et al.7 en Australia Occidental, entre 1995 y 2012 con personas de 18 a 64 años, buscó evaluar Internet como una fuente de información nutricional. El resultado de este estudio reveló que el uso de internet como fuente de información nutricional creció de 9.1% en 2004 a 33.7% en 2012. Las mujeres más jóvenes tenían más probabilidades de usar internet como fuente de información y la búsqueda más alta relacionada para controlar el peso. Se encontró que la información a la que estaban expuestos los sujetos de la investigación era inexacta y que los sitios web de médicos, gubernamentales y universitarios proporcionaban información precisa y confiable. Sin embargo, aparecieron en la segunda y tercera página de las búsquedas del sitio, ya que tenían menos probabilidades de acceder.

La investigación también sugiere que los usuarios de Internet no discriminen la calidad de la información sobre nutrición y alimentos, al no verificar la fuente y la fecha del contenido y utilizar sitios web comerciales para buscar información sobre la salud. Dichas notas pueden justificar el impacto negativo del uso excesivo e indiscriminado de Internet como fuente de información nutricional, reforzando los estándares de belleza e induciendo conductas inapropiadas para alcanzarla, especialmente entre las mujeres7.

El instrumento utilizado para verificar las principales fuentes de información nutricional utilizada por el público de esta investigación se simplificó a partir del estudio realizado por Ferraz9, realizado en 2001, en el que participaron individuos de 16 años y más. Un hallazgo interesante que corrobora la investigación realizada en Australia es que a principios de la última década, la principal fuente de información encontrada fueron libros, revistas y periódicos, seguidos de la televisión, y amigos y familiares en tercer lugar. Esto muestra las implicaciones del uso creciente de Internet como fuente de información de salud.

Alvarenga et al.17 aclaran que las sugerencias que aseguran resultados rápidos, los extremismos al considerar un solo alimento bueno o malo, las pautas basadas en un solo estudio o estudios que no consideran las divergencias individuales y de la población son indicios de una falta de credibilidad en la información alimenticia y nutricional.

Mendonça et al.18 señalan que en Brasil no existen criterios definidos para analizar la calidad de la información sobre temas relacionados con la salud en los medios de comunicación. El propósito de este análisis es asegurar que la población pueda confiar en la información disponible y que sea posible comprender los riesgos relacionados con la adopción de ciertas prácticas. Los autores sugieren que existe un proceso de certificación en los sitios web que brindan información de salud.

En algunos países europeos, como Suiza y España, trabajamos con etiquetas de calidad en los sitios de Internet de salud, evaluados por diversos criterios para verificar la credibilidad e intangibilidad del contenido. En estos países, también trabajamos con campañas de orientación de la población, permitiéndoles desarrollar un sentido crítico. Un ejemplo de esto es la disponibilidad de plantillas de lista de verificación para verificar la calidad de la información. Este proceso es relevante teniendo en cuenta la cobertura actual de la información transmitida en Internet.

La escuela, como entorno educativo, tiene una fuerte influencia en la salud de los adolescentes. En su estudio con estudiantes de escuelas públicas, Leite et al.19 encontraron que el 40.5% de los participantes no reconocieron momentos dirigidos a abordar problemas relacionados con la salud en el entorno escolar. Entre los participantes que respondieron positivamente a la existencia de estos momentos, solo el 2.3% informó haber abordado el tema de los trastornos alimenticios.

En vista de la vulnerabilidad ya abordada de las personas adolescentes, es esencial que los problemas de los trastornos de la alimentación, la imagen corporal y la alimentación se aborden constantemente en la escuela, a fin de promover la concienciación sobre la salud en este período de la vida y prevenir el desarrollo de trastornos alimenticios, así como detectar signos positivos en etapas prematuras, proporciona un mejor pronóstico y menos impacto de estas disfunciones en la edad adulta. Por lo tanto, es necesario trabajar juntos entre profesionales de la salud, educadores y miembros de la familia19.


CONCLUSION

Esta investigación encontró resultados preocupantes con respecto al comportamiento de riesgo para los trastornos alimenticios en el público adolescente estudiado, lo que demuestra la vulnerabilidad de esta fase a los comportamientos alimenticios disfuncionales.

No se asoció la conducta de riesgo con el IMC, el género o las fuentes de información utilizadas. Sin embargo, el alto uso de internet como fuente de información en nutrición destaca como un factor importante que influye en el desarrollo de trastornos de la alimentación, y la falta de fiabilidad de esta información y la difusión de los estándares de belleza pueden favorecer la adopción de Hábitos patológicos para el control del peso corporal. Dada la relevancia de este tema, es esencial que se desarrollen acciones para prevenir los trastornos alimenticios dirigidos a los adolescentes.


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